Oliver Frac de Amor (¿Inostroza González o González Inostroza?),es su nombre real, a quien yo apodo como "El Weoncito", que me está llenando la vida de risas, rasguños en mis indefensas manos, algún enojo, uno que otro pelo, y más aun, ganas de volver a casa.
Pequeño de 4 meses (yo lo veo mas de 5), que llegó como regalo de cumpleaños de mi novia. El que tengo que ver, cuidar y soportar en mi hato (no me crean si me leo como a quien no le gusta, suelo ser pesadita con quien amo).
Como buen gato, comprenderan que le da lo mismo lo que le digan y que hacen lo que simplemente se le viene a sus bigotes. Así es como el asumió que todo el departamento es de su dominio (cosa que sabemos que comparto con Piwi Ayel), anda por todos lados, a su antojo, jugando, corriendo, colgándose de las cortinas, etc. Weoncito lindo, que aprendió a jugar a las escondidas y por más que se asuste cuando lo salgo pillando, le encanta.
"El Bebé", le dice mi amada mujer, mi sobreprotectora mujer, mi consentidora mujer...
No, no es que sienta competencia ante la insistente y constante manía de saber como está, donde está y aguantarle todos sus mordiscos. No, no son celos, es solo que Oliver, Mi Weoncito, duerme al medio. Sí. Al medio. Entre nos!.
Y pobre que me de vuelta para el otro lado de la cama sin avisarle a ambos, el reto que me llega por "poder aplastar al bebé", acompañado de una garra en mi espalda hace que lo piense antes. Gracias a Dios, tengo cama de dos plazas. Oliver ocupa 1 plaza y en la otra está Camila durmiendo en diagonal y yo entre ella y la muralla (eso una vez que el gato decide salir de al medio).
Obviamente, para un gato loco esta es la mejor familia en la que podía caer. El es un disfuncional más del grupo.

